jueves, 19 de diciembre de 2013

Sueños

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 Como el sol se esconde detrás del horizonte al comenzar la noche, así los sueños de pronto aparecen en la mente al cerrar los ojos cada noche. Sueños: tan raudos, tan etéreos…tan trascendentes. Sin desearlos, atraviesan la madrugada como saetas y se incrustan en el núcleo de nuestro pensamiento, dejando nuevos anhelos de vivir, viejos afanes y añoranzas, dudas que son del ayer del hoy y del mañana. Es tan arduo evadirse de los sueños, a ellos no les basta con existir durante el descanso, además nos cazan al despertar y no abandonan nuestro consciente. Pero, ¿en verdad el hombre busca zafarse de sus sueños? ¿No será más bien que son los sueños los que buscan huir y es el hombre el que los ata a su cabeza? Un sueño agradable nunca quiere ser abandonado por nadie; brinda alegría, júbilo y desahogo. Un mal sueño brinda ganas de vivir, de despertar, valentía para salir adelante en las situaciones difíciles.

 A mi entender, el hombre sin sueños se encuentra vacío y seco, como un enorme lago sin agua. La relación es de necesidad mutua. El hombre no puede existir sin los sueños, y los sueños no existen sino gracias al hombre.  El hombre necesita del agua de los sueños para vivir, por eso… sigamos soñando.  

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